En una sociedad en la que terminamos de trabajar a las ocho de la tarde y con suerte nos vamos a la cama a las diez o las once de la noche es mucho pedir despertarse a las 6 para practicar yoga sabiendo también el frenético día que nos espera por delante… Y no nos engañemos, dormir es un gustazo, o por lo menos para mí lo es. Ese regalo de la vida cuando te despiertas a mitad de la noche y miras el reloj y ves que solo son las 2:00 y que te quedan aún horas por dormir, esa sensación no tiene precio.
Pero aunque me encante abandonarme en los brazos de Morfeo te cuento los beneficios que yo he experimentado con la práctica matutina a esa hora dónde el sol aún se está preparando para salir
HACER YOGA POR LA MAÑANA TE APORTA LIGEREZA
Empiezas la práctica sin haber desayunado, como mucho un té o un vaso de agua al despertar. Al terminar de practicar te sientes liviana fuerte y despierta. Te sientes preparada y con una actitud positiva para afrontar todas las tareas y situaciones que se presenten durante el día.
TIEMPO PARA TI
Mientras practicas disfrutas cada movimiento, eres consciente de tu cuerpo y tu respiración, estás presente. Te regalas un espacio para reconectar contigo y para poder definir tu propósito del día que justo está empezando
AUMENTARÁS TU ENERGÍA Y TE SENTIRÁS RELAJADA
El yoga revitaliza la mente y el cuerpo. Encontrarás ese el equilibrio perfecto sintiéndote enérgica y a la vez relajada. Empezarás la jornada con más estabilidad mental y emocional
UN MOMENTO PERFECTO
Digo perfecto porque para mí lo ha sido. Ubicar la práctica entre las 6 y 7 de la mañana ha sido la mejor opción para poder hacer mi sesión de yoga antes de que mi hija se despierte, antes de empezar con la jornada laboral y antes de empezar con todas las tareas, compromisos y deberes del día. Practicar pronto por la mañana (aunque a veces me resulte duro levantarme de la cama) me ha permitido encajar mi práctica de yoga en mi día a día, me ha facilitado la organización de la jornada y por lo tanto me ha permitido se constante y consistente.
También nos beneficiamos durante ese primer momento del día de una energía más propicia para practicar. El sol aún no ha salido y el silencio en las calles y la oscuridad nos invitan a ir hacia dentro y sin tantos estímulos es más fácil estar presente y conectada con tu práctica. En definitiva, nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestro entorno aun respiran la tranquilidad y la paz nocturna.